Orientación necesaria

 
En una explosión ocurrida en 2019 en una instalación de almacenamiento de energía en Arizona, cuatro bomberos resultaron heridos y quedaron al descubierto numerosas carencias en la seguridad. Nuevos informes detallan qué es lo que salió mal e ilustran lo mucho que los bomberos aún tiene que aprender sobre esta tecnología en rápida expansión.

La situación era desoladora. Ambos hombres tenían múltiples huesos fracturados, hemorragias internas, laceraciones de órganos, lesiones cerebrales traumáticas y quemaduras térmicas y químicas. «Mientras los asistían, un médico mira a nuestro capellán y le dice: ‘Quiero que te acerques a su cabeza y empieces a rezar por él—lo necesita ahora mismo’», dijo Ruiz, reviviendo los tensos momentos que tuvieron lugar dentro de la sala de emergencias. «Llevo más de 40 años en bomberos y nunca, jamás, he oído a un médico decirle al capellán que se acerque y empiece a rezar por el paciente. Es un milagro que ambos hayan sobrevivido».

Horas antes, Clare y López, como miembros del equipo de materiales peligrosos (HAZMAT) del Cuerpo de bomberos-médicos de Peoria, habían sido convocados a las instalaciones de almacenamiento de energía de McMicken, situadas en una remota zona de Surprise, Arizona, un suburbio lindante ubicado a 20 minutos de Phoenix. Nadie del equipo había oído hablar de McMicken, y cuando llegaron no estaba claro lo que estaban viendo. Rodeada por un vallado de eslabones de cadena en el borde del desierto, una caja metálica del tamaño y la forma de un gran contenedor de transporte presentaba una fuga de un humo blanco lechoso. Pronto descubrieron que la estructura albergaba un sistema de almacenamiento de energía (energy storage system o ESS) de 2 megavatios, propiedad de la compañía de servicios generales local Arizona Public Service; cientos de celdas de batería de iones de litio del sistema habían sufrido un fallo catastrófico y se encontraban en un peligroso estado, conocido como fuga térmica.

Después de horas de deliberación, Clare y López finalmente abrieron la puerta del contenedor de baterías para ventilarlo cuando una repentina explosión sacudió las instalaciones. Quienes estaban fuera de la zona de la explosión lo describieron como «un chorro de llamas que se extendía al menos 75 pies hacia fuera y a aproximadamente 20 pies en dirección vertical» desde la puerta del contenedor de baterías, según un extenso informe sobre el incidente publicado el año pasado por el Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos de UL (UL Firefighter Safety Research Institute). La fuerza de la explosión hizo volar a Clare por debajo del vallado de eslabones de cadena, y se detuvo a 70 pies de la puerta del contenedor. López fue lanzado violentamente contra el vallado, a unos 30 pies de la estructura. Otros dos bomberos que estaban en las inmediaciones quedaron inconscientes, con sus aparatos de respiración y cascos arrancados y esparcidos por el polvoriento suelo.

Al día siguiente, la noticia de lo ocurrido en Surprise se había difundido en los medios de comunicación y convertido en el tema de conversación de cuerpos de bomberos, investigadores y funcionarios responsables de la protección contra incendios de todo el mundo. Aunque los investigadores habían comprendido que era posible una explosión en un ESS de iones de litio, los ejemplos de este tipo de potente deflagración eran escasos. La búsqueda de respuestas a lo sucedido comenzó casi inmediatamente.

Investigadores de NFPA visitaron el lugar y entrevistaron a Clare y a otras personas. UL llevó a cabo una exhaustiva labor de recopilación de hechos, que finalmente se publicó en el informe «Cuatro bomberos heridos en la explosión de un sistema de almacenamiento de energía de iones de litio – Arizona» («Four Firefighters Injured In Lithium-Ion Energy Storage System Explosion – Arizona«). La compañía de servicios Arizona Public Service (APS) encargó su propio informe de 70 páginas sobre el incidente, al igual que LG Chem, el fabricante de la batería de litio de McMicken.

Se consideró fundamental saber por qué se produjo la explosión y cómo podría haberse evitado. Los ESS se están volviendo ubicuos, no solamente en tramos remotos del desierto, sino también en barrios suburbanos, edificios de gran altura y complejos de oficinas—incluso en los hogares de la gente. A medida que esta proliferación continúa, el incidente de McMicken confirmó para algunos un temor largamente latente: que los bomberos y el sector responsable de la seguridad no están preparados para hacer uso de esta floreciente tecnología.

Al mismo tiempo, el siniestro de Surprise ofreció quizá el panorama más completo que tenemos hasta la fecha para ilustrar por qué los incidentes con baterías son tan complejos para los socorristas, y los factores que siguen acuciando a investigadores y fabricantes en su afán por hacerlas más seguras.

«Lo que el incidente de Surprise pone de manifiesto es que todavía hay una tremenda falta de conocimiento de esta tecnología en muchos, muchos ámbitos», dijo Stephen Kerber, director del Instituto de Investigación de Protección contra incendios de UL (UL Fire Safety Research Institute) [antes Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos (Firefighter Safety Research Institute)] y coautor del documento de UL sobre la explosión de baterías de McMicken. «Con tantas partes implicadas, este evento parecería ser el estudio de caso perfecto. Es por eso que hemos invertido tantos recursos en este proyecto—para poder aprender y evitar que esto vuelva a ocurrir»

Los detalles de Surprise

El informe de UL sobre el incidente de Surprise ilustra la imagen de un experimentado cuerpo de bomberos puesto frente a una situación sin salida.

Clare y el equipo HAZMAT de Peoria llegaron a las instalaciones de McMicken alrededor de las 6:30 p. m. del 19 de abril de 2019, más o menos una hora después de que lo hiciera un equipo del Cuerpo de bomberos-médicos de Surprise, que fueron enviados luego de que un transeúnte de la autopista informara que había visto humo en la zona. Los bomberos de Surprise habían supuesto que la fuente del humo era un incendio de matorrales y llegaron con un vehículo cisterna y equipos para combate de incendios forestales. Sin embargo, se encontraron con una estructura de 50 pies de largo, 13 pies de ancho y 12 pies de alto rodeada por un vallado de eslabones de cadena. En su exterior de metal corrugado llevaba grabado «Arreglo de almacenamiento de baterías».

El interior del ESS de iones de litio consistía en 27 bastidores verticales de módulos de baterías, separados en dos hileras situadas a cada lado de una antesala de 3 pies. APS utilizaba la batería para almacenar la energía solar captada durante el día, y luego descargaba la energía en la red eléctrica para el uso de los clientes por la noche.

Alrededor de las 5 p.m., el sistema de control de las baterías detectó un problema en el bastidor 15. La tensión empezó a disminuir rápidamente y los sensores de la parte superior del bastidor registraron un rápido aumento de la temperatura del aire, alcanzando un máximo de más de 120 grados F. Se había observado una fuga térmica en un par de celdas de la batería del módulo 2 del bastidor 15, concluía el informe de APS.

Aunque no está claro qué desencadenó la fuga térmica en Surprise, sus efectos siguieron un curso predecible. La falla hizo que el calor se acumulara rápidamente en la celda de iones de litio y se propagara a las celdas circundantes, provocando que entraran en fuga térmica—un efecto en cascada que es difícil de detener. Aproximadamente un minuto después de la falla inicial, se activó el sistema de supresión de baterías de McMicken. En lugar de agua, como se recomienda actualmente, el ESS estaba equipado con un sistema de gas de agente limpio, que en 10 segundos llenó toda la estructura con 713 libras de gas Novec 1230. Por su diseño, el gas hizo que las condiciones dentro del contenedor fueran incompatibles para llamas activas—pero no hizo nada para detener el aumento de calor de la reacción química que se estaba produciendo en el interior de la batería. La fuga térmica continuó y no se detuvo.

Cuando llegaron los bomberos de Surprise, había un humo blanco que describieron como «acre» y «desagradable» suspendido a poca altura, en un radio de aproximadamente 30 pies alrededor de la estructura del ESS. Pidieron refuerzos y Clare y su equipo HAZMAT arribaron poco después.

Clare tenía experiencia en incendios de ESS. En 2017, había respondido a un incendio en una instalación de reparación de vehículos eléctricos con involucramiento de baterías de iones de litio, y posteriormente asistió a cursos sobre materiales peligrosos (HAZMAT) especializados en incendios de baterías de iones de litio. Había asistido a una capacitación de concientización sobre ESS de NFPA, centrada en paneles solares, así como a cursos locales de capacitación similares. Sabía que debía ser extremadamente precavido con los incendios de baterías. En el cuerpo de bomberos de Peoria, Ruiz dijo: «Nuestra filosofía siempre ha sido que, cuando se trata de baterías, si se incendian, hay que dejarlas arder porque se consumirán solas más rápido que si se les echa agua». Gracias al gas Novec, la batería de McMicken no ardía, pero el humo continuaba saliendo del contenedor.


Source: https://nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/nfpa-desarrollo-adopcion-de-normativa/1903-clase-de-2022

Las investigaciones disponibles en ese momento habían revelado que los gases liberados durante la fuga térmica eran una mezcla altamente inflamable de hidrógeno, etileno, metano y monóxido de carbono, entre otros. Sin embargo, pocos entendían qué cantidad de este gas inflamable puede ser producido por un número relativamente pequeño de celdas. Pruebas posteriores han demostrado que «es enorme la cantidad de pies cúbicos de emisión de gases, el gran volumen de gases inflamables y tóxicos que producen solamente unas pocas celdas», dijo Ruiz, que participó en la investigación en la Universidad de Texas después del incidente de Surprise. Durante las pruebas a pequeña escala, se produjo tanto gas en un contenedor que la atmósfera estaba demasiado enriquecida para que explotara; los investigadores tuvieron que utilizar ventiladores para soplar gran parte del gas para obtener una explosión similar a la que se produjo en Surprise, dijo Ruiz.

En el transcurso de dos horas en McMicken, los bomberos hicieron tres recorridos por el interior del vallado que rodeaba la estructura del ESS para tomar las lecturas del gas y temperatura del contenedor y el vapor que se desprendía. En cada ocasión, detectaron niveles peligrosos de gases de monóxido de carbono y cianuro de hidrógeno—pero las concentraciones de los gases iban disminuyendo. Los instintos y la capacitación del equipo HAZMAT les decían que fueran precavidos, pero se estaban quedando sin opciones. «La preocupación era que, si devolvíamos la estructura a la compañía de servicios generales, nos iríamos y ellos entrarían en un ambiente altamente tóxico y caerían como canarios», dijo Ruiz.

El equipo decidió abrir la puerta de la estructura para ventilarla y ver lo que estaba ocurriendo en el interior. En un precario video grabado durante la entrada, se ve a Clare y a López bajo un negro cielo nocturno negro con todo el equipo de protección mientras se acercan a una puerta lateral. López gira una llave y abre la puerta; se puede ver una densa nube de gas blanco que sale de la puerta mientras los hombres se giran y miran hacia el interior. Clare levanta una cámara termográfica para tomar una lectura de la temperatura, luego se gira para agarrar un medidor de gas y llama por radio a su dotación para informar que no había ningún incendio activo ni arco eléctrico visible en el interior de la estructura. Algunos segundos después, el video termina abruptamente, justo antes de la explosión.

Los investigadores concluyeron posteriormente que la puerta abierta permitía la entrada de oxígeno y la salida de algunos de los gases inflamables atrapados. En los tres minutos en los que la puerta estuvo entreabierta, los gases alcanzaron justo la mezcla y la concentración adecuadas para entrar en el rango explosivo. Una de las varias potenciales fuentes de ignición en el interior del contenedor—como las celdas calientes de la batería—hizo el resto, desencadenando una deflagración masiva.

Tras la explosión, López y Clare tuvieron que soportar largas estancias en el hospital, múltiples operaciones y un agotador régimen de fisioterapia. Los otros dos bomberos heridos, Matt Cottini y Jake Ciulla, sufrieron quemaduras y jaquecas, entre otros problemas persistentes. Según Ruiz, los cuatro han regresado a su trabajo hace aproximadamente un año. «Todos lo están haciendo bastante bien—tan bien como cabía esperar», dijo.

De acuerdo con Kerber, la decisión de ingresar en la estructura fue coherente con los lineamientos de la capacitación en ese momento. «Se recomendaba ventilar la estructura y entrar y tomar muestras, lo que parece un enfoque correcto, pero claramente el resultado que tuvimos aquí fue lamentable», dijo. «Creo que, obviamente, lo que eso refleja es que hay grandes carencias de conocimiento que es necesario cubrir y recomendaciones y consideraciones tácticas que todavía es necesario desarrollar».

Sin ayuda para los bomberos

Aunque no se sabe con certeza qué sabían los bomberos en que estaban en la escena de los hechos sobre los riesgos de explosión que planteaba el ESS, los informes dejan claro que recibieron poca ayuda técnica de los expertos en la materia que se encontraban en el lugar. Según el informe de UL y Ruiz, los representantes de la compañía de servicios generales y del fabricante de baterías tenían un limitado plan de respuesta y fueron escasos los lineamientos que ofrecieron a las dotaciones HAZMAT sobre los posibles cursos de acción. «No había planillas de seguridad de los materiales en sitio», dijo Ruiz. «Llegaron representantes de APS, pero eran ingenieros eléctricos y no sabían mucho sobre gases emanados por los subproductos de baterías en una fuga térmica».

Ruiz dijo que un empleado del lugar dijo a sus bomberos que el humo blanco que emanaba de la batería era halón, un gas anteriormente utilizado en sistemas de supresión que había sido prohibido desde hacía casi dos décadas. «Sabíamos ciertamente que no se trataba de halón, así que eso nos preocupó», dijo.

APS mencionó, además, que no estaba debidamente instruida sobre los peligros de las baterías, y alega que la responsabilidad de ese desconocimiento recae en el diseñador del sistema de baterías, una empresa llamada AES, y en el fabricante de la batería, LG Chem. En su propio informe sobre el incidente, la compañía de servicios generales expresaba que «el plan de respuesta a emergencias suministrado por AES a APS no contenía instrucciones sobre cómo responder a una posible explosión o cómo entrar en el sistema después de que el sistema de supresión de incendios haya sido descargado». Además, en ese plan de respuesta a emergencias, ni AES ni LG Chem «habían expresado la posibilidad de un serio peligro del gas inflamable o de una fuga térmica en cascada de celda a celda y de módulo a módulo».

En un detallado documento de respuesta al informe de APS, LG Chem alegó que todos «estos peligros eran ampliamente conocidos» antes de que se diseñara y construyera el emplazamiento de McMicken y que la responsabilidad de la confección de los planes de respuesta a emergencias recae conjuntamente en el propietario de la batería y en el diseñador del sistema—en este caso, en APS y AES. Según LG Chem, «el momento de elaborar planes cuidadosos para proteger a los socorristas es durante el diseño, el comisionamiento y la ejecución de estos proyectos—no después de que se haya iniciado un incidente».

A pesar de esta aparente falta de comprensión y planificación por parte de las partes implicadas, la catástrofe podría haberse evitado si se hubieran establecido sistemas de ingeniería y hubiera habido las herramientas apropiadas para que los bomberos tuvieran una mejor percepción de lo que estaba ocurriendo en el interior del ESS, según Mark McKinnon, coautor del informe de UL.

«Un historial actualizado de las mediciones de la composición del gas y, potencialmente, del porcentaje del LEL (límite inferior de explosividad) en el interior de la estructura habría sido la mejor información para los bomberos que estaban en la escena de los hechos, y sin duda habría cambiado su respuesta y habría evitado las lesiones», dijo McKinnon a NFPA Journal. Sin embargo, la batería de McMicken no tenía incorporadas capacidades de monitoreo de gases, y los sistemas de diagnóstico que sí existían estaban a cargo del sistema de control de la batería, que falló minutos antes de que arribaran los bomberos.

Para empeorar las cosas, las herramientas básicas que los bomberos usan durante las respuestas son generalmente ineficaces para incidentes de ESS. En pruebas posteriores realizadas en los laboratorios de UL, McKinnon descubrió que, debido a las condiciones de hollín y rápidamente cambiantes de un evento de fuga térmica, las cámaras térmicas y los medidores de gas estándar tienen dificultades para suministrar información confiable sobre si una batería está en llamas, qué módulos de la batería están afectados por una fuga térmica o incluso qué gases están siendo emitidos.

En efecto, los bomberos de Peoria tuvieron que tomar decisiones ante la ausencia de todo tipo de información. Gran parte de esto podría haberse mitigado si el cuerpo de bomberos hubiera sido advertido de la instalación, hubiera trabajado con la compañía de servicios generales para la elaboración de un plan previo para el incidente, e incluso hubiera recibido capacitación en sitio, dijo Kerber. Pero nada de eso ocurrió.

«Lo que muchas veces sucede con las nuevas tecnologías es que se espera que el cuerpo de bomberos se convierta inmediatamente en un experto en cómo mitigar el peligro al que responden, y no creo que sea una expectativa justa», dijo Kerber. «Tiene que haber una investigación previa, tiene que haber códigos y normas debidamente aplicados, y a veces la tecnología se adelanta a todo eso. En este caso, realmente no hubo lineamientos correctos. No hubo una adecuada capacitación».

¿Hubiera ayudado NFPA 855?

De acuerdo con los informes posteriores al incidente, hubo varios defectos de diseño en la batería de McMicken que contribuyeron al desenlace final. En parte, esto se debió probablemente a que las normas de diseño e instalación de baterías eran limitadas en el momento en que se instaló la batería, en 2017; una de las normas más citadas, NFPA 855, Norma para la Instalación de Sistemas de Almacenamiento de Energía Estacionarios, no fue publicada sino hasta finales de 2019.

No obstante, los expertos están divididos respecto de si un estricto cumplimiento de NFPA 855 hubiera supuesto una diferencia significativa en el caso McMicken. Si bien la norma es exhaustiva, como todo lo que tiene que ver con los ESS, cualquier intento de imponer reglas duras y rápidas rápidamente se topa con la realidad de las capacidades técnicas, los conocimientos disponibles y la política.

Por ejemplo, si NFPA 855 hubiera existido antes de la instalación de la batería de McMicken, se duda si la compañía hubiera estado siquiera sujeta a sus requisitos. Por diversas razones, las baterías de propiedad y bajo la operación de compañías de servicios generales están exentas de la mayor parte de las disposiciones de NFPA 855, un hecho que el informe de UL recomienda modificar y que todavía se está debatiendo [ver «Lucha por la energía«]. Como resultado, las instalaciones de McMicken no estaban obligadas a tener—o a ofrecer al cuerpo de bomberos—un plan de operaciones de emergencia, algo que, según los autores del informe de UL, «hubiera hecho una significativa diferencia».

Expertos afirman que si McMicken hubiera estado sujeta a NFPA 855, varios factores podrían haber hecho una diferencia en el desenlace. Por un lado, NFPA 855 requiere que la mayoría de los sistemas de almacenamiento de energía (ESS) estén provistos de ventilación de deflagraciones y prevención de explosiones, características de las que carecía la batería de McMicken. Por el contrario, el sistema de supresión NOVEC 1230 de McMicken contaba con compuertas que estaban «diseñadas para sellarse cuando se descargaba el agente de supresión para evitar la ventilación que podría disminuir la eficacia del agente de supresión limpio», describía el informe de UL. En lugar de ventilar los gases inflamables para mantenerlos por debajo del límite inferior de explosividad, el sistema de McMicken los retuvo. Para exacerbar el problema, el gas NOVEC impidió que se iniciara un incendio en el contenedor, lo que llevó a una mayor acumulación de gases no quemados, concluía el informe de APS.

En comparación, NFPA 855 requiere que los sistemas de almacenamiento de energía cumplan con NFPA 68, Norma para la Protección de Explosiones por Ventilación de Deflagraciones, o NFPA 69, Norma sobre Sistemas de Prevención de Explosiones—cualquiera de las cuales «hubiera cambiado potencialmente el desenlace en este caso», dijo McKinnon. Aunque también expresa que los requisitos de ventilación de NFPA 855 para las baterías de iones de litio específicamente podrían ser reforzados. Eso es especialmente cierto ahora que nuevas investigaciones y detalles del incidente de Surprise han revelado la enorme cantidad de gas inflamable que se produce durante una fuga térmica en celdas de iones de litio.

Jim Biggins, presidente del comité técnico de NFPA 855, está de acuerdo. «Estamos evaluando incluir lineamientos adicionales en NFPA 855, tanto para la ventilación de explosiones como para la ventilación normal de los recintos y salas de baterías», dijo. «Es un volumen muy grande de gas el que sale de una sola celda durante una fuga térmica, y no creo que alguien entendiera del todo ese mecanismo anteriormente».

Las otras áreas que los veedores esperan que NFPA 855 podría abordar pueden ser más complejas de resolver. Todas las partes concuerdan en que el monitoreo remoto de los gases en tiempo real, que ayudaría a los bomberos a comprender la composición y conformación de los gases producidos durante una fuga térmica, haría una diferencia significativa. Sin embargo, no hay certidumbre sobre cómo lograrlo. La edición actual de NFPA 855 prácticamente no menciona nada sobre el monitoreo de las emisiones de gases debido a que «la tecnología realmente no ha llegado a un punto donde sintamos que sea conveniente incluirla como requisito en la norma», dijo Biggins.

Múltiples desafíos técnicos, como el pesado hollín producido por una fuga térmica, el alto calor, la estratificación de los gases y una mezcla de gases tiene el potencial de abrumar y destruir los sensores de gas dentro de la unidad, lo que «lo convierten en un problema muy complicado», dijo McKinnon. «Debido a esos desafíos, no hay productos ni soluciones que conozca que puedan hacerlo»

Al menos una compañía alega tener un monitoreo de gases en tiempo real y se jacta de que su tecnología puede incluso captar los cambios atmosféricos dentro de un sistema de baterías a tiempo para implementar medidas que eviten la fuga térmica. Algunos, como Ruiz, son optimistas respecto a la nueva tecnología, mientras que otros advierten que no está probada. Sea lo que sea lo que la solución conlleva, «tenemos que aplicar la tecnología para que los bomberos puedam obtener la inteligencia que necesita y para que tenga la capacidad de intervenir en estos eventos de manera remota», dijo Kerber.

Una de las principales críticas a NFPA 855 en el informe de APS es la afirmación de la compañía de que la norma no va lo suficientemente lejos para intentar evitar, en primer lugar, que se produzca una fuga eléctrica. El informe sostiene que la norma debería requerir diseños e instalaciones de baterías que puedan evitar la fuga térmica o, al menos, impedir que se propague más allá de una sola celda. «Aunque la fuga térmica en cascada se menciona 37 veces en al menos un proyecto de NFPA 855, no se ha redactado ningún requisito para abordarla», dice el informe de APS. «Tal vez haya llegado el momento de que la industria reconozca colectivamente que una fuga térmica en cascada debería ser detenida o mitigada en la unidad más pequeña posible. La próxima iteración de normas debería finalmente reconocerlo en un formato codificado».

Aunque el informe de APS apunta a nuevos diseños de baterías que separan las celdas individuales con placas de aluminio, plásticos resistentes a las altas temperaturas e incluso espacios de aire para limitar la transferencia de calor y detener la propagación de la fuga térmica, Biggins dice que es una ilusión creer que las tecnologías actuales podrían permitir al comité técnico esencialmente evitar que ocurra una fuga térmica.

«No creo que se pueda desarrollar un sistema de baterías de iones de litio que no tenga problemas de fuga térmica, e incluso si se pudiera, podría tener problemas de densidad de energía», dijo. Dar el paso en NFPA 855 de requerir un diseño de ESS que evite la fuga térmica, dijo, sería como que las normas de instalación de rociadores de NFPA requieren que «solamente se almacenen artículos no combustibles en un depósito para que no se produzca un incendio en el depósito».

Desafíos y optimismo

En lo que respecta a la seguridad de los ESS, hay noticias prometedoras en el horizonte—y un flujo constante de desafíos emergentes que quitan el sueño a los bomberos y a los diseñadores de baterías.

Con firmeza, en la segunda categoría se encuentra el hecho de que todavía no existe una estrategia de supresión probada para detener la fuga térmica en una celda de batería. Todas las medidas probadas hasta ahora tienen limitaciones y solamente «abordan los síntomas, en lugar de la causa del problema», como dice el informe de APS.

Los sistemas de agua en baterías de iones de litio funcionan eficazmente para enfriar la batería y pueden detener la propagación de la fuga térmica, pero en cuanto se cierra el grifo, el calor se acumula rápidamente y el proceso se reanuda. Dado que la fuga térmica puede durar días e incluso semanas, muchas jurisdicciones como Surprise no cuentan con el suministro de agua necesario para hacer frente a esa situación de manera adecuada. En la actualidad, se reconoce generalmente que los sistemas de supresión de gases, como el utilizado en las instalaciones de McMicken, no hacen prácticamente nada para detener la fuga térmica. Biggins tiene la esperanza de que, quizás, los sistemas de supresión de agua nebulizada puedan «proveer enfriamiento y tal vez, incluso, tener alguna capacidad para que la generación de gas sea descendente, hasta el piso», pero las pruebas, hasta el momento, son limitadas. Por ahora, el problema sigue sin resolverse.

También quedan sin resolver interrogantes sobre cómo responder a un ESS en medio de una fuga térmica, y qué hacer después de que el evento haya terminado. Si los bomberos de Surprise hubieran optado por no abrir la puerta, podrían haber quedado atrapados en la escena de los hechos durante días, esperando a que la situación se resolviera. Esto plantea una serie de preguntas que no tienen una buena respuesta. ¿Cuándo es seguro devolver el sistema a los propietarios? ¿Quién es el responsable de declarar que la escena es segura—el cuerpo de bomberos, el propietario de la batería, el fabricante u otra persona? ¿Qué pasa si la batería está lanzando gases tóxicos en, por ejemplo, Manhattan o un edificio ocupado, y no en los confines del desierto? En ese caso, ¿es la táctica más segura para el cuerpo de bomberos simplemente esperar a que pase?

«Incluso si somos capaces de ventilar de manera segura, ¿a dónde van esos gases, y estamos creando peligros secundarios debido a dónde van? Creo que eso va a ser un desafío importante», dijo Kerber.

Otro reto importante es el de las grandes baterías de iones de litio de consumo, como la Powerwall de Tesla, que cada vez es más popular. Los sistemas se comercializan como una manera de que los propietarios de viviendas almacenen energía solar y la utilicen como energía de reserva durante los apagones. Aunque los beneficios para los consumidores son obvios, Ruiz y otros no pueden sino encogerse de hombros ante lo que podría ocurrir si se produce una grave fuga térmica en el interior de una residencia.

«Si se está aquí en Phoenix, Arizona, no es buena idea tener una unidad de batería en el exterior de la vivienda porque puede ser dañada por nuestro calor, así que van a estar en el interior de las viviendas», dijo Ruiz. «Y en este caso, creo que el carro está muy por delante del caballo. No se trata simplemente de dejar que arda porque se va a incendiar toda la vivienda. ¿Qué se hace?»

Cuando se le pregunta sobre la posibilidad de que se instalen grandes sistemas de almacenamiento de energía en los edificios de gran altura de Nueva York, como ha sido propuesto, o en los techos para recoger energía solar, Ruiz se muestra de nuevo perdido. «Ciertamente no tengo la respuesta, pero sí me siento atraído por el problema», dijo con una sonrisa.

Pero hay motivos para el optimismo en estas y otras cuestiones. Los laboratorios nacionales, organizaciones sin ánimo de lucro como la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios (Fire Protection Research Foundation) y el mundo académico, e innumerables compañías privadas están destinando muchos millones de dólares en la investigación para entender mejor estos problemas, incluso lo que ocurre durante una fuga térmica y cómo detenerla o prevenirla. Además de eso, una gran parte de esta investigación, que había sido de carácter privado y confidencial, está saliendo a la opinión pública, donde puede utilizarse para reforzar normas y diseñar mejores baterías (ver «¿Cuánta protección es suficiente?«).

Esta investigación ya está dando sus frutos. Las nuevas tecnologías de detección de gases con monitoreo remoto se están abriendo camino en instalaciones de todo el mundo. Diseños como el de la batería de McMicken, en el que miles de celdas de batería se apilan juntas en bastidores una gran sala, parecen estar cayendo en desuso. La tendencia actual se orienta a sistemas más modulares, con unidades de baterías más pequeñas alojadas por separado en gabinetes, de manera que si una falla, no se propague al resto. Incluso ahora hay sistemas que se instalan directamente en el exterior para que la ventilación adecuada y los gases inflamables atrapados no sean un problema.

El Cuerpo de bomberos-médicos de Peoria está viendo con buenos ojos este progreso. Varios meses después de la explosión de McMicken, la compañía de servicios generales Salt River Project anunció sus planes de instalar un ambicioso proyecto de sistemas ESS de 250 megavatios llamado Sonoran Energy Center, a varias millas de Peoria. En las instalaciones—más de 100 veces mayores que las de McMicken—se usarán baterías Tesla y será una de las mayores instalaciones de ESS del país. Mientras que los bomberos no habían oído hablar de las instalaciones de McMicken hasta que llegaron al incidente, Ruiz dijo que esta vez los funcionarios de la compañía de servicios generales se pusieron en contacto con él inmediatamente. A finales de junio, representantes de Salt River, junto con expertos de Tesla, organizaron una jornada de capacitación para bomberos sobre la instalación específica de las baterías y han ofrecido visitas guiadas del sitio. Según Ruiz, los gabinetes de baterías de Tesla están en el exterior y habrá un sistema de control remoto de las baterías. Dijo que los gabinetes de las baterías tienen sus propios sistemas de enfriamiento interno, así como sistemas de ignición que pueden encender y quemar los gases rápidamente si detectan un exceso.

«Solíamos decir que había que combatir el fuego con fuego— ahora, en esta era tecnológica, hay que combatir la tecnología con tecnología», dijo Ruiz, «y efectivamente creo que la dirección va a ser, definitivamente, más segura».

Pero, añadió, que no va a bajar la guardia. Ha visto lo que puede pasar, y no quiere volver a recibir esa llamada telefónica otra vez. «Cuando nos llaman, es generalmente cuando las cosas no salen de la manera que se supone que deberían salir», dijo. «Así que hay que estar consciente y hay que estar capacitado».

JESSE ROMAN es editor sénior del NFPA Journal.

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